La Revolución cubana terminó cuando Fidel Castro se instaló en el poder

DDC | Madrid |

7 de Enero de 2019

Omar López Montenegro.

¿Se puede hablar aún de Revolución en Cuba?

En realidad nunca se ha podido hablar de Revolución. Ese evento terminó precisamente el 1 de enero de 1959, cuando Fidel Castro se instaló en el poder. El término fue mantenido para manipular a la población cubana bajo la pretensión de la existencia de un Estado caótico permanente, en constante improvisación. De esta manera se justificó la ausencia de un Estado de Derecho, la supresión de las libertades y la permanencia eterna del dictador en el poder.
Hoy en día se justifica menos que nunca el empleo de este término, puesto que el régimen se ha metamorfoseado a un capitalismo de Estado, con una superclase de millonarios encarnada en el apellido Castro o miembros de un estrecho círculo de su entorno. Todo esto sobre la base de la explotación despiadada de una masa de trabajadores sin derecho alguno, muchos de ellos en condiciones de esclavitud moderna, como es el caso de los médicos cubanos en el extranjero, o el reciente acuerdo entre la MLB y la Federación Cubana de Beisbol.
¿Qué habría que salvar del período revolucionario?
No creo que exista nada salvable bajo el concepto de Revolución, puesto que ha generado una precondición política que vicia cualquier solución posible en términos democráticos.
El tema más recurrido en esta discusión, la salud gratuita, de sobra es conocido que no es exclusivo de Cuba, y de hecho una de las áreas más afectadas ahora mismo bajo la “reconversión de la Revolución” es precisamente la salud pública, principalmente por la prioridad del régimen de obtener dinero por medio de la explotación de los médicos cubanos en el exterior, en detrimento del sistema de salud pública nacional.
Existen muchos modelos exitosos en el mundo en los cuales, en condiciones de democracia, conviven sistemas de salud gratuitos con los privados. Cuba puede aprender de esas experiencias.
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De lo que no se puede prescindir en Cuba es de la existencia de un Estado de Derecho, con todas las garantías y oportunidades que este brinda. A partir de ahí, cualquier solución es posible a los problemas económicos, políticos o sociales.
¿Cómo clasificaría el momento actual de Cuba?
Cuba vive uno de los momentos más críticos de su Historia, tanto en el plano político como económico y social.
En política, la maniobra de traspaso de poder a Díaz-Canel (el guión es con todo propósito), con Raúl Castro tras bambalinas, no ha tenido los resultados que se buscaban. No ha generado confianza en inversionistas extranjeros, más allá de los tradicionales aliados políticos, y tampoco ha conseguido establecer una imagen de confianza en su gestión dentro del país.
Económicamente se vive una crisis extrema, caracterizada por la ausencia generalizada de bienes y servicios para la población, los precios galopantes, el desempleo creciente, una inflación que el régimen se niega a reconocer pero que la población sufre a diario. Políticamente no se ganan nuevos aliados internacionales, sino que más bien se pierden con los recientes resultados electorales especialmente en Latinoamérica, con la excepción de México.
Internamente, los debates sobre la reforma constitucional han generado fracturas dentro de instituciones oficiales como la UNEAC, y han mostrado propuestas radicales por parte de la población, como la eliminación del papel rector del Partido Comunista y la elección del presidente por voto directo.
En el plano social se nota un incremento del empoderamiento individual y colectivo de la población, como la huelga de los boteros en La Habana, las acciones de los artistas contra el Decreto 349 y numerosos incidentes de ciudadanos expresando públicamente su descontento, tanto individualmente como en grupo, por fenómenos tan disímiles como inundaciones, el asesinato de un perro, o detenciones arbitrarias y violentas de ciudadanos.
Resulta notorio que en los casos que han implicado la participación de grandes grupos de personas, las autoridades han cedido a las demandas o han aplazado la aplicación de medidas coercitivas, lo que muestra un modo defensivo del régimen.
Otro fenómeno interesante es cómo el uso de la tecnología (teléfonos celulares para grabar los hechos, difusión inmediata en redes sociales) esta empoderando a los ciudadanos. Se espera un incremento de estas tendencias en 2019.
En resumen, a 60 años de haberse instaurado en el poder, la mal llamada Revolución se encuentra en uno de sus peores momentos tanto dentro como fuera de la Isla, con su mitología erosionada y carente de todo tipo de perspectiva de continuidad ideológica, incluso dentro de los parámetros del propio sistema.
Es un concepto obsoleto tanto para el mundo como para el pueblo cubano. La Revolución ha muerto y, peor aún, nadie quiere decir “Viva la Revolución”. La mataron el tiempo y su propia historia.

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