De la Revolución Francesa al Combinado del Este.

ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES

|Los Ángeles |

10 de Diciembre de 2018 – 14:14 CET. | 1
Al celebrarse el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) los cubanos se preguntan cómo gobiernos y personas civilizadas apoyan al régimen político de un país en el que llevar encima esa declaración puede costar varios años de cárcel por “propaganda enemiga”. Y donde turbas lanzadas por el Partido-Estado comunista, que evocan los “camisas pardas” nazis, gritan “!Abajo los derechos humanos!” a quienes se atreven a defenderlos públicamente.

Ninguno de esos movilizados conoce un solo artículo de la DUDH. Leer dicha declaración se considera allí un delito, un acto subversivo orientado por el “enemigo imperialista”. ¿Qué se puede esperar de una “revolución” con semejantes credenciales?
Es paradójico que el pueblo de Cuba, país fundador de las Naciones Unidas (1945) ubicado en el corazón del mundo en el que priman la cultura y la democracia liberal, sea el único de Occidente que sufre la violación de prácticamente los 30 artículos de la DUDH de 1938.
La dictadura de Raúl Castro no solo viola la DUDH moderna, sino la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, proclamada en París 43 días después de estallar la Revolución Francesa —que cambió el curso de la historia en Europa y todo el mundo—, que 159 años después fue fuente de inspiración para redactar la DUDH. Quién podría dudar que en Cuba hoy se pisotea la divisa central de la Revolución Francesa: Liberté, Egalité, Fraternité.
La declaración de 1789 consagró el derecho a la libertad de los ciudadanos, el de propiedad privada y el derecho a rebelarse contra la opresión. En Cuba hoy esos principios son “contrarrevolucionarios” y conducen al Combinado del Este habanero.
Su asombrosa incivilidad medieval el régimen castrista la comparte con la otra monarquía marxista-leninista-estalinista de nuestros días, la dinastía Kim de Corea del Norte. Pero a diferencia de Cuba, los norcoreanos nunca conocieron la democracia moderna antes de ser sometidos al sistema comunista.
La filosofía de la DUDH, aprobada el 10 de diciembre de 1948 en París por la Asamblea General de la novel Organización de Naciones Unidas, tuvo gran basamento en la Ilustración del llamado Siglo de las Luces, y particularmente en el Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau, quien promovía “una forma de asociación (…) en la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y permanezca tan libre como antes”.
Ya en el siglo XVII se habían comenzado a contemplar declaraciones sobre el “derecho natural” de los ciudadanos. Así Inglaterra en 1679 incorporó a su Constitución la Habeas Corpus Act (Ley de Hábeas Corpus).
El fascismo, la Segunda Guerra Mundial, y el comunismo
Muchas guerras a lo largo de la historia se desataron como reacción a abusos, tratamiento inhumano y a la injusticia. En Inglaterra, terminada una de esas guerras civiles, en 1689 vio la luz la Bill of Rights (Declaración de Derechos) que limitó los poderes del rey, impuso el predominio del Parlamento y sentó las bases de la democracia parlamentaria moderna.
En la primera mitad del siglo XX también surgieron la Convención sobre la Esclavitud de 1926, que prohibió toda forma de esclavitud, y en 1937 el Código de Moral Internacional, y otros intentos de establecer una seguridad mínima de respeto al individuo, generalmente ignorado por los estados.
El nazismo y el infierno de la Segunda Guerra Mundial, con más de 60 millones de muertos, compulsó definitivamente a la comunidad internacional a plasmar en blanco y negro una carta de derechos humanos universales y a afincar los valores defendidos contra el fascismo y el nazismo, hermanos gemelos del comunismo.
Se creó un comité internacional presidido por Eleanor Roosevelt, viuda del expresidente Franklin Roosevelt, compuesto por miembros de 18 países de todas las ideologías y posiciones políticas, filosóficas, culturales y religiosas.
Ocho países se abstuvieron de votar, pero ninguno de los 56 gobiernos representados allí en París votó en contra. Entre los votos favorables estuvo el de Cuba, cuyo Gobierno era presidido por Carlos Prío Socarrás, elegido democráticamente y que el 10 de octubre de 1948, dos meses antes, había tomado posesión como jefe de Estado.
Nadie pudo imaginarse que precisamente Prío sería el último presidente de Cuba elegido libremente en las urnas. Desde entonces, hace también 70 años, los cubanos no han elegido democráticamente a ninguno de sus gobernantes. Prío fue derrocado el 10 de marzo de 1952 por el general Fulgencio Batista, derrocado por Fidel Castro siete años después, quien instauró una tiranía que 60 años después sigue asfixiando a los cubanos.
Leyes para el castrismo y todos los gobiernos del mundo
Y esa asfixia cubana muestra que la DUDH es papel mojado para muchos de los 193 gobiernos que hoy integran la ONU y que, como el de Cuba, son violadores sistemáticos de los derechos humanos.
Es hora de que el mundo disponga de reglas supranacionales de obligatorio cumplimiento para todos los Estados para proteger los derechos humanos. No estamos en los años 40 del siglo XX. Hoy no basta con enunciar los derechos. Se hace necesario completar la obra de los 48 gobiernos que generaron la DUDH.
La violación de derechos humanos no es un “asunto interno” de un país, como propugnan muchos países, y convenciones de política exterior como la Doctrina Estrada, aplicada por los gobiernos de México desde 1930, que no cuestiona la legitimidad de ningún gobierno, por criminal y tiránico que sea, para que nadie a su vez cuestione las violaciones de los derechos humanos en México. Esa doctrina ha sido ahora revitalizada, luego de cierto letargo de unos 20 años, por el nuevo presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.
Nada de eso. El ser humano está por encima de la política y la hipocresía diplomática. Las denuncias internacionales de atropellos a los ciudadanos no violan nunca la soberanía nacional de nadie. Por el contrario, son una obligación de elemental solidaridad humana.
Todo Estado violador de derechos humanos debiera ser obligado, con sanciones o por la fuerza si fuese necesario, a respetarlos. Para ello debieran crearse instrumentos legales y fuerzas internacionales para intervenir “quirúrgicamente” donde se atropelle masivamente la integridad física de los seres humanos y se estrangulen sus libertades fundamentales.
Se pisotean los 30 artículos
No es necesario detallar cómo se violan en Cuba todos los derechos fundamentales declarados por la DUDH de 1948. Con solo leer cada artículo salta a la vista su violación a diario.
Por ejemplo, el Artículo 1 dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”; y el Artículo 2: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición…”
Del Artículo 3 al 21 puede leerse: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes…”; “Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente….”; “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión…”; “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
Por eso el Artículo 28 expresa: “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”.
Pero resulta que la “revolución” de los hermanos Castro mete también en el Combinado del Este a quien reclama ese derecho consagrado en el París de 1789 y en el de 1948. El castrismo evidencia que el mundo no puede seguir tolerando que una dictadura pisotee los derechos humanos sin pagar un precio por ello.

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