El nuevo método de tortura Psicológica.

Por Alexis Pérez Lescailles
Periodista Independiente

Con el ´´ triunfo de la revolución cubana´´ de 1ro Enero de 1959, y con su posterior adhesión al marxismo-leninismo. La idiosincrasia latinoamericanista del pueblo de Cuba, comienza una carrera acelerada hacia la pérdida de sus raíces. El nuevo régimen ya dirigido por la figura negativa del más grande manipulador político que haya existido jamás, Fidel Castro, comienza hacer de las suyas.
Expulsado de la Organización de Estados Americanos, OEA, y enfrentándose a una fase de aislamiento en el hemisferio que iría en aumento vertiginoso por los próximos veinte años. Solo le queda la opción de hacer lo que en su mala naturaleza existía. Ser el puente y como punta de lanza, servir a potencias extranjeras como tal era el caso de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Para realizar acciones que traerían con ellas como consecuencias la falta de paz y estabilidad en América.
Ya con lazos aparentemente inquebrantables con el régimen opresor ruso y la ayuda del campo socialista, comienza a tratar de justificar las consecuencias de sus malos actos, con la idea de mostrar al mundo el nacimiento de una nueva sociedad. Donde reinara la paz, la justicia y la igualdad social.
Fue así, donde comienza a convertir todos los sectores, a un único sector estatal. Donde el seria el máximo administrador incuestionable e irremplazable. Crear empleos con el fin de mostrar a la opinión pública internacional que en Cuba todos tenía derecho a un empleo y a un salario. Una canasta básica garantizada por medio de uso de una libreta de control del abastecimiento familiar. Una seguridad social que estuviera a la altura o el nivel que le permitiera hacer política con ello. La educación gratuita, pero con el fin no, de preparar al hombre para la civilización y la humanidad. Si no, para formar al hombre ideológicamente para que respondieran a sus intereses. La medicina también entraría al sistema aparente de gratuidades que quería implantar.
Fue así, como Fidel hablando más que un Cao, logro convencer a unos cuantos y a confundir a muchos. Hasta hoy, los confundidos continúan así. Pero no pasaría mucho tiempo para que la verdad saliera a la luz. Con el derrumbe del campo socialista, todo aquello que no realizo correctamente y sobre un buen cimiento, le cobraría las facturas y el techo se le vino encima.
De pronto se puede observar que todo aquello que decía haber logrado, no funcionaba. Comienza a deshacer la canasta básica, la seguridad social deja de funcionar y pasa a un plano remoto dentro del orden de prioridades emergente, la medicina entra en fase de crisis como nunca antes y la educación muestra el resultado más alarmante que se ha podido ver y para vergüenza de ellos lo digo. Porque un pozo seco, no puede dar agua. Y los empleos son quitados con la justificación de son insostenible para el régimen.
Así, nacen los trabajadores por cuenta propia. Como el fruto de una derrota política y humillante. Porque nunca fue la voluntad del régimen de que algún cubano ande por ahí, trabajando y ganando el dinero como quiera. Por su puesto, la independencia económica equivale a independencia política y eso no puede ser en el régimen castro-comunista. Pero a partir de ahora no hay más opción. Los cubanos tendrían la oportunidad de trabajar por su cuenta, pero dentro de parámetros que asfixiaría la economía y la expansión de los trabajadores.
Los bancos financieros y las sucursales bancarias se constituyen en el verdugo del pueblo. Ahora se ven ante una encrucijada. Hasta ahora solo respondían al sector estatal y a una economía fantasma. Los particulares no tenían, ni podían tener personalidad jurídica. Pero ahora, todos los trabajadores tienen que realizar sus trámites de adeudos con el banco, mas todos los tramites como personas jurídicas. Rápidamente el número de usuarios de los banco se multiplican. Pero las sucursales bancarias continúan siendo las mismas, o disminuyen por reparaciones totales o parciales. Ahora los usuarios se encuentran varados en las ineficientes prestaciones de servicios del banco. Colas interminables y sujetas a un horario que para cumplir con el sagrado deber de satisfacer al cliente, no sufre modificaciones. La hora de apertura y cierre son tan exactas, que solo se puede comparar con los ingleses. La conexión del sistema de computadores falla con frecuencias considerables. Y la atención priorizada extraoficial a los amiguitos exclusivos genera gran molestia en aquellos que se encuentran disciplinadamente esperando su turno. Etcétera, etcétera, etcétera. Por lo que realizar los trámites pertinentes en una sucursal bancaria, se ha convertido en un nuevo y muy sofisticado método de tortura física y psicológica contra el pueblo de Cuba.

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