EL DOCUMENTO

EL DOCUMENTO

UNA CARTA OLVIDADA DE ENRIQUE JOSE VARONA

 

 

 

Sr. General M. Ramos

Presidente del Partido Republicano

Puerto Príncipe

Señor y Compatriota

 

 

 

M

uchas muestras de cariño y confianza he debido a nuestro Camagüey. Ninguna que me haya conmovido tanto como esta que me trae su telegrama de Ud. Largas de ansiosa meditación he pasado antes de contestarle, pidiéndole un aplazamiento. A medida que transcurrían, he sentido pesar más y más sobre mi espíritu la gravedad de esta situación, oscura de suyo, hecha más incierta y riesgosa por casi dos años de olvido obcecado de la realidad.

Desean ustedes que represente a nuestro pueblo en la Convención Nacional. Más  de un mes ha que me escribieron proponiéndomelo muchos respetables compatriotas, entre los que también se encontraba ud. Les conteste excusándome, y ofreciéndoles escribirles más extenso. Insisten ustedes ahora, y ha llegado la ocasión de exponerles mis puntos de vista, parte principal para no sentirme con fuerza ante la enorme tarea.

Lejos de creer yo, como muchos prominentes de la Revolución, que la intervención americana ha sido una sorpresa, la he considerado siempre como resultado inevitable de todos los antecedentes de la situación en que nos encontrábamos en la primavera del año 98. Los Estados Unidos desde que llegaron a la boca del Mississippi, han considerado la cuestión cubana como un asunto domestico y su diplomacia  ha procedido en consecuencia con alguna oposición a veces, las más con el asentamiento de las potencias europeas, y sin que España pudiera, aunque hubiera querido, resistir a esa presión permanente. En virtud de qué derecho, En el de su enorme fuerza social y política. En virtud del derecho que ha neutralizado a Bélgica y Suiza, es decir, que ha puesto limites a la independencia de eso dos Estados, de ese mismo derecho que detuvo a Turquía victoriosa, para que no aplastara a Grecia, y que ha obligado a los Candiotas a no anexarse al reino  helénico y contentarse con un gobierno autónomo bajo la suzerania de la puerta, de ese mismo que mantiene a Bosnia y Herzegovina, con su millón y medio de habitantes, bajo la administración de Austria-Hungría. Un derecho que nace de la solidaridad de las naciones modernas, cuyos intereses, materiales y morales, están hoy tan mezclados, que ninguna puede constituirse en un mundo aparte, y todas tienen que sufrir algún menoscabo de su independencia teórica, porque todas son interdependientes.

La intervención vino  porque tenía que venir, porque estaba anunciada desde la época de Grant, cuando el gabinete de Washington declaro que no podía consentir a sus puertas un país en insurrección permanente. Y solo hubiera dejado de venir en la forma material de la ocupación militar, si los cubanos hubiéramos tenido fuerza suficiente para vencer a España y expulsarla de nuestro territorio, o España previsión suficiente para pactar con los cubanos.

No ocurrió ni lo uno ni lo otro, y Los Estados Unidos intervinieron con sus tropas de mar y de tierra.

Y a su intervención se debe que la furia española y la desesperación cubana no hayan convertido a Cuba en un yermo sembrado de escombros y cadáveres. Los Estados Unidos han salvado a Cuba para la civilización y la Humanidad, y este que es un titulo eterno a nuestra gratitud, les da, a los ojos del mundo y en el estado actual de esas relaciones que se amparan del nombre de Derecho Internacional, un titulo, que ninguna potencia les disputara, a considerarse parte en la constitución de nuestro gobierno definitivo.

Todo lo que no sea tener esa realidad delante de los ojos es ir a sabiendas contra el propio interés de nuestro pueblo, porque es entregarse a las más peligrosas ilusiones, cuando serán pocos todo el seso, toda la prudencia, toda la entereza y toda la doctrina de que podemos disponer.

Y yo considero emponzoñadores de la conciencia pública a los que hagan creer a los cubanos que podrán reunirse, como en una isla desierta y desconocida del mar Antártico, a disponer por si solos de sus destino

Podemos aspirar a mucho porque está en la conveniencia del pueblo americano, y dentro de sus  prácticas y principios, no ponernos indebidos obstáculos en nuestra constitución interna, pero en lo que pudiera llamarse nuestro “status´´ internacional, lo mas a que podemos llegar es una situación parecida a la de Bélgica. Parecida, no igual, porque la neutralidad de Bélgica está garantizada por la ponderación de fuerzas entre las potencias signatarias del tratado de Londres de 19 de abril de 1839, mientras que la nuestra solo estaría respaldada por la única potencia americana que cuenta en el mundo, y seria por tanto resultado, no de un equilibrio, que hace desaparecer la subordinación, sino de una enorme fuerza preponderante.

Ignoro como nuestros legisladores llegaran a dar forma legal y plena a ese estado de derecho, pero solo sé que si no encuentran la formula y se obstinan en pretender que en las relaciones internacionales de Cuba, cualquiera que sea su índole, nada tenga que decir el gobierno de Washington, iremos a dar contra un muro infranqueable, podremos encontrarnos por muchos años en la posición de las provincias otomanas, que Austria-Hungría administra y ocupa militarmente.

Así veo yo nuestra situación, y así la ven muchos otros cubanos, pero son contados los que se atreven a decirlo, mientras que son innumerables los empeñados en engañarse y en engañar a los demás, diciéndoles que hemos conquistados la independencia y que toda limitación por pequeña que fuere, que ellos fantasean como si viviésemos en la luna, seria usurpación manifiesta, que justificaría el delirio de una resistencia que nos llevaría al suicidio.

Los pueblos sin embargo no están destinados a suicidarse, sino a tratar de vivir progresando en bienestar, en cultura, en humanidad. Lo conseguiremos con tanta ilusión, tanta palabra hueca y tanto volver los ojos hacia atrás.

De todos modos, ellos es lo cierto que el clamor general pide lo que a mi parece inasequible. Puedo en estas condiciones ir a representar a quienes quizás no piensan como yo. Y aunque así no fuese y ustedes aprobaren mis puntos de vistas, que podía yo en una asamblea compuesta de hombres empeñados en ver las cosas por el prisma de sus deseos y en impulsarlas por la línea de sus paciones, que ellos sienten sublimes y heroicas. No ven que me condenaran a una lucha desigual en que estoy destinado a hundirme, reprobado y conspuido.

Mi posición oficial, no es un arma forjada como a deseo para herirme y desacreditarme. No sería yo el cubano que busca el bien de los suyos, el bien positivo de la paz, el orden y el progreso, sino el servidor del gobierno extranjero, que se aviene a las miras del usurpador. No, la patria no tiene derecho de exigir sacrificios estériles. La hora no es para los que creen el primero de los deberes cívicos decir la verdad por mucho que amargue, sino para los poseídos del espíritu de vértigo, que quieren excluir a cuantos no piensan, no sueñan y no deliran como ellos. No lo hemos oído. La primera voz que resuena es para trazar con la espada del ángel guardián del paraíso, un círculo de fuego en torno de la Convención. Allí no entraran sino los que han pasado el Jordán revolucionario.

Como si la Revolución hubiera tenido como fin conquistar a Cuba para un puñado de su hijos , y no colocar a los cubanos, a todos los cubanos, en aptitud de servir dignamente, en la medida de lo posible y de sus fuerzas, a la grande obra de hacer que Cuba recupere el tiempo perdido, y sea social y económica y políticamente un factor de progreso, y no un foco de perturbación y discordia, en el mundo.

En mucho tengo el honor que ustedes han querido hacerme, que me han hecho ya, pero tan grande como mi gratitud es mi convicción de que debo a ustedes y a Cuba mi pensamiento en toda su integridad. Creo que pensando como pienso, me toca estarme donde estoy, servir mientras pueda en la esfera administrativa, y servir después, como lo he hecho siempre, en mi esfera de simple ciudadano a la causa de la cultura de Cuba, que es como podre ayudar a que nuestra patria viva en paz y sosiego y levante de día en día su nivel social.

 

 

 

AGRADECIMIENTOS A ESTADO DE SATS.

 

 

CORTECIA DEL FACILITADOR DE DD.HH.

ALEXIS PERZ LESCAILLES.

 

.

 

 

 

 

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